| * El desarrollo temprano del lenguaje, la lectura y la escritura despierta el pensamiento crítico y es decisivo en el éxito escolar. Artículo publicado por la revista Hablemos de Niños, en su edición Número 38 (septiembre 2011). Andrea con A, Pablo con P, Eva con E…a todos los niños les emociona aprender con cuál letra se escribe su nombre, algo que parece muy sencillo pero que significa mucho para ellos y es un estímulo para empezar a desarrollar sus capacidades en lenguaje, lectura y escritura. Así, de una manera natural y cotidiana, los padres de familia y docentes de preescolar pueden introducir los llamados “procesos iniciales de lectoescritura”. Estos incluyen –entre otras cosas– el desarrollo del lenguaje oral, la adquisición de un vocabulario amplio y el entendimiento de que existe una correspondencia entre letras y sonidos para formar palabras. Tales procesos son básicos para formar el pensamiento crítico, así como la capacidad de transmitir ideas, comprender textos y otras habilidades de gran importancia en la actual “sociedad del conocimiento”. “Aunque el proceso formal de lectoescritura se inicia en la escuela, existe un conjunto de competencias relacionadas con el lenguaje que son decisivas para el éxito escolar y que deben empezar a estimularse desde la etapa preescolar. Los niños que reciben estos estímulos se encuentran mejor preparados para el futuro”, explica la psicopedagoga Melissa Arias, de la Asociación Amigos del Aprendizaje (ADA). Esta organización se dedica a promover oportunidades de aprendizaje para los niños en sus años formativos, desde el preescolar hasta el sexto grado, mediante programas que fomentan el desarrollo de las competencias en lenguaje. (Vea nota Oportunidades para la vida).
¿Cuándo empezar? El desarrollo del lenguaje oral es un proceso clave que sirve de base para la lectura y la escritura, de modo que conviene estimularlo desde Con formato: Fuente: 18 pto la infancia. Las destrezas se deben cultivar poco a poco, de acuerdo con cada etapa de desarrollo y de una manera lúdica. Según el psiquiatra Luis Diego Herrera Amighetti, entre los 6 y los 8 años de edad la mayoría de los niños ha desarrollado suficientemente la “conciencia fonética” para poder aprender a leer; es decir, la noción de que existe una correspondencia entre grafemas y fonemas (entre las sílabas y sus sonidos). “La estimulación temprana del lenguaje y la discriminación de tonos y sonidos son las bases sobre las cuales se desarrollan las habilidades lingüísticas y, como parte de ellas, la habilidad para la lectura. Conforme la conciencia fonética se consolida, el niño lee con más fluidez porque logra traducir automáticamente entre los sonidos básicos de un idioma y los símbolos que los representan”, explica. Es lógico, entonces, que la enseñanza de la lectura en la educación formal se inicie a los 7 años y – a juicio de Herrera – no tiene sentido pretender que los niños ya sepan leer cuando ingresan a la escuela. Sin embargo, antes de que lleguen a este punto, es importante estimularlos para que desarrollen la conciencia fonética. Esta se puede empezar a cultivar desde los primeros años de vida, lo cual facilitará más tarde el aprendizaje de la lectura en sentido convencional. (Vea recuadro Actividades en casa). Herrera compara el proceso de aprender a leer con el de aprender a andar en bicicleta: “nadie pretende que un niño de un año logre manejar una bicicleta, pero sí se le puede enseñar a caminar, y esos primeros pasos son necesarios para que más adelante pueda pedalear y mantener el equilibrio”, dice.
¿Cómo hacerlo? Arias distingue tres etapas en los procesos iniciales de lectoescritura: emergente, principiante y en desarrollo. En la etapa emergente, cuando los niños apenas empiezan a comunicarse de manera oral, se recomienda hablarles mucho. “Los niños que conocen muchas palabras, logran ser muy buenos lectores y comunicadores. Los padres son los primeros maestros de sus hijos cuando los ayudan a adquirir un vocabulario amplio; por ejemplo, nombrando las cosas que están a su alrededor y narrándoles historias”, afirma la psicopedagoga. Este es un momento idóneo para empezar a leerles libros de cuentos con ilustraciones, ya que esto los familiariza con el lenguaje, les amplía el vocabulario, les enseña a entretenerse con la lectura y les permite descubrir que los textos contienen un significado. Esto los estimula a tratar de comunicar ideas por medio de dibujos o garabatos. En la etapa “principiante”, ya el niño reconoce ciertas convenciones de los textos impresos; por ejemplo, que se lee de izquierda a derecha. Además, empieza a hacer conexiones entre letras y sonidos, lo que muestra una conciencia fonética incipiente. “Es muy importante ayudar a los niños a distinguir los fonemas; por ejemplo, a diferenciar entre “pa” y “ba”. Esa discriminación auditiva es esencial para aprender a leer”, asegura Herrera. Justo en esta etapa se les puede enseñar la primera letra de su nombre y “jugar” a descubrir otras palabras que se escriben con la misma. También conviene que los niños jueguen con la “escritura inventada”, representando las palabras como suenan; por ejemplo, “beo” por “veo” u “ ola” por “hola”. En este momento no corresponde corregir la ortografía, sino hasta la etapa del escritor en desarrollo, que generalmente se inicia en el primer grado, cuando se introducen las reglas ortográficas formales. Cuando los niños llegan a esa etapa, ya pueden experimentar con la escritura convencional: armar oraciones simples, incorporar detalles y descripciones, y utilizar tanto la ortografía como la puntuación. Según Arias, “esta progresión es muy sana, ya que motiva el desarrollo de conceptos y experiencias que favorecen el éxito escolar en la primaria”. Así, de manera paulatina, los pequeños lectores se pueden convertir en buenos escritores, en estudiantes exitosos y en ciudadanos capaces de expresar sus ideas.
Actividades en casa * Conversaciones largas: Hablen sobre cosas cotidianas, narren experiencias propias, recuerden paseos que realizaron juntos. * Definir y explicar palabras: ¿Qué es una bicicleta? ¿Qué es un libro? Nombren todos los animales y todas las frutas que puedan, por ejemplo. * Describir características, semejanzas y diferencias: Los pájaros tienen plumas, los peces tienen aletas. ¿En qué se parecen un gato y un perro? ¿Cómo se diferencian? * Narrar cuentos: Lo ideal es tener un espacio regular para contar cuentos, ojalá todos los días. Permita que el niño narre un cuento, ya sea de un libro o que él lo invente. * Usar los libros: Los niños necesitan ver, tocar y leer los libros, conocer sus partes e interactuar con su contenido: ¿cuál es el título del libro? ¿Qué idea nos da este título acerca de lo que puede tratar el cuento?. * Juegos de palabras: Hagan adivinanzas, canten canciones, jueguen “Veo, veo” (el adulto describe lo que ve hasta que el niño logra adivinar, y luego cambian). * Experimentar con sonidos: Busquen palabras que comienzan con la misma sílaba (mamá, mapa, masa), inventen rimas (“Ana come manzana”). * Arte: proponga que el niño haga un dibujo y luego narre lo que dibujó. Use revistas o periódicos para buscar la letra inicial del nombre del niño en diversos tamaños y formas, recórtelas y péguelas en una hoja. Fuente: Asociación Amigos del Aprendizaje (www.ada.or.cr).
NOTA SECUNDARIAOportunidades para la vida
“En el mundo actual no basta con saber copiar y descifrar palabras, pues la sociedad del conocimiento exige la capacidad de comprender diversos tipos de textos, así como la de expresar ideas de forma escrita y verbal. Por eso, los niños que reciban oportunidades para el desarrollo del lenguaje estarán más preparados para crecer como individuos creativos y participativos”, afirma Renata Villers, Directora Ejecutiva de la Asociación Amigos del Aprendizaje (ADA). El tercer Informe del Estado de la Educación, publicado en 2011, señaló que el sistema educativo costarricense muestra diversas carencias en los procesos iniciales de lectoescritura. Tales deficiencias repercuten en el desempeño académico, favoreciendo la repitencia en años superiores y la deserción en la secundaria. Según la lingüista Ana María Rodino, una de las investigadoras que participó en dicho informe, en el país existe una fuerte ruptura en la transición del preescolar a primer grado. “Costa Rica tiene un elevado índice de repitencia en primer grado, mucho mayor que la gran mayoría de los países del continente americano. Una hipótesis muy viable es que no hay una adecuada introducción a los procesos de lenguaje en preescolar; entonces, cuando ingresan a primer grado, muchos niños no logran aprender a leer en el plazo establecido por el curriculum oficial. Esto los obliga a repetir el grado y los pone en desventaja”, señala Rodino. Esa ruptura es más común en la educación pública y en alumnos que provienen de familias de escasos recursos y con bajo nivel educativo. Estos niños generalmente no tienen en sus casas acceso a libros ni un ambiente que promueva sus primeros contactos con el mundo de la palabra impresa. Así se reproduce la desigualdad social. Con el fin de ayudar a cambiar esa realidad, ADA creó un programa de capacitación para docentes, dirigido a implementar estrategias novedosas para estimular los procesos iniciales de lectoescritura en las aulas. Desde el año 2004, esa organización sin fines de lucro ha trabajado con más de 200 docentes y 6000 niños en 27 escuelas públicas, con resultados muy positivos. Según Villers, por cada docente capacitado se multiplicarán las oportunidades para la niñez costarricense.
Para ver el artículo tal como fue publicado en la revista Hablemos de Niños, descargue este archivo.
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Permítales amar las palabras
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